La semana pasada fue mi cumpleaños y ese día elegí mi vestido de novia.
La cosa empezó hace unas semanas atrás, cuando me junté con mi madre y hermana para ir a lo de «la china mala». El apodo poco feliz fue porque antes de ir leí las opiniones en internet y para que mi hermana y mi mamá se ubiquen rápidamente, la bauticé así.
Elena, así se llama la mujer (bah, al menos ese es su alias occidental), claramente es extranjera y su lengua nativa dista mucho del español. De modo que se expresa como puede, con su escaso vocabulario pero al mismo tiempo necesita ser clara para ser entendida por sus clientes. Es como cuando te vas de vacaciones a otro país y al principio decís «Excuse me, Where could I find a taxi?» para luego de un tiempo pasar a «taxi, where» y todos te entienden. Bueno, por eso es que Elena me dijo cosas como leer con acento chino «mala postura, ponete derecha» y «novia tené’ que comer meno’ para dar buena imagen». Entiendo que un comentario así puede herir. Yo, la verdad, me reí. Cuando le dije que hay más chances de que vaya al gimnasio a que deje de morfar (porque además estoy segura de que ese ideal de delgadez es una influencia de su cultura), me dijo «caminar lo más económico». También le pregunté cómo hace para comunicarse con la fábrica de China y con tono pícaro nos dijo «cuando ustedes duermen yo trabajo». Mi hermana y yo la amamos jajaja.
Su negocio de vestidos de novia se llama Church Avenue y funciona en un departamento, en el barrio chino.
Fui a varios lugares a ver vestidos, pero terminé comprando en «la china mala». Me pareció que la relación precio-calidad es óptima. Lo que sí, quise ir personalmente (en lugar de comprar por internet) para poder para ver la confección real de los vestidos, y no terminar con un «lo que compré versus lo que recibí» típico de los vestidos confeccionados en China que, como en lo general son réplica de alguna marca conocida, usan las fotos del catálogo de esa marca.
Disfruté mucho del proceso de buscar vestido. Con mi mamá y mi hermana nos la pasamos comiendo, paseando y debatiendo sobre los vestidos en los días que nos juntamos para esto. ¡Ni que hablar que es la primera cosa tangible de mi casamiento! Eso es lo que más me emocionaba porque hace meses que lo único que hacíamos era pagar cubiertos.
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