Mati vs El chico de fuego

By

Había una vez un niño hecho de fuego. Nació como nace el fuego, obvio: combustible, calor y oxígeno. No perdamos el tiempo en pavadas. Hablemos de lo importante: era súper capo jugando al quemado, pero en unas escondidas de noche siempre perdía. Nadie quería abrazarlo, pero nunca tenía frío.

Sucedió pues, un día, yendo por ahí haciendo nada en particular, que tuvo un escalofrío. Una sensación corporal que le recorrió toda la espina dorsal y hasta los pies, de que algo se avecinaba. “No es bueno fomentar el pánico” pensó. Y comenzó a avanzar nuevamente. Uno, dos, tres, cinco pasos. Se detuvo. Seis, siete, once. Definitivamente algo se avecinaba de frente. Algo terrible, monstruoso… Un… matafuego. Qué nombre, Dios mío. Porque en otros países le dicen extintor, pero acá… MATAFUEGO. ¿¡Entendés?! ¡Un ser cuyo destino es MATAR al FUEGO! No extinguirlo, ni apaciguarlo, sino quitarle la vida. Y está ahí, frente a alguien hecho de fuego. “Georgia” se lee en su rojo y robusto cuerpo. Viene con instrucciones de uso y varios certificados de autenticidad y utilidad. Como para no meter miedo.

Están ahí. El chico de fuego y el matafuego, frente a frente.

Se huele el peligro. El aire se corta con cuchillo. Aquí va a ver un duelo al estilo Lejano Oeste, señores.

Matafuego avanza. Retira el seguro.

El chico de fuego se hace viento con un cartón.

¡Comienza la pelea! Matafuego da el primer golpe y el chico de fuego (¿qué tal si lo llamamos Manuel? Sólo para acortar) lo devuelve enseguida ¡Increíble, se dan con todo! Matafuego mete derechazo, Manuel se la da en el relojito ese, piña de acá, de allá, hasta que no dan más. Están muertos, arrancaron al mediodía y van como tres horas de pelea ya. Agitado, hablando con pausas, Manuel toma la palabra.

– Che…

– ¿Qué?

– ¿Y si paramos una horita? Dormimos una siesta y después la seguimos con todo.

– ¿Te parece? Hay gente leyendo…

– See, que esperen una hora. Hora y media. No pasa nada.

– Zzz…

(Una hora después)

Matafuego se pone de pie en posición de guardia y empieza a dar saltitos como un boxeador.

– Bueno, dale.

– ¿Dale qué?

– Dale, terminemos la pelea.

– Nooo, chabón, ya fue todo… ponete la pava y tomemos unos mates.

– ¿Qué mates ni mates? Dale loco, terminemos la pelea.

– Pero no… mirá, Matafuego, ¿Te puedo decir Mati?

– No.

– Mirá, Mati, nosotros somos opuestos complementarios, tenemos una simbiosis ¿no lo ves? Gracias a vos yo encuentro contención cuando siento que me estoy excediendo, y si no fuera por mí vos no tendrías trabajo. Es más, probablemente después de algunos años dejarían de fabricarte y se extinguiría tu especie.

– …

– …

– … tenés razón hermano, mucha razón. Dame un abrazo loco. Que viva la diversidad.

Posted In ,

Deja un comentario