11 julio, 2020
Que yo sepa, no hay muchos TCPs argentinos (en actividad) que cuenten sus cosas. No sé si no tienen ganas, tienen miedo de que los sancione la compañía, ni idea. Aquellos que dan la cara como «Barbie Bac» o «Fly With Lalu» lo hacen siempre omitiendo el nombre de la compañía para la cual trabajan (igualmente no hace falta que lo digan, es re obvio) y siendo muy respetuosos y cuidadosos con sus publicaciones. Las sigo porque aprendo mucho y tiran altas datas, pero no son tan divertidas. Con lo cual mis tripulantes favoritos son aquellos que escriben desde el anonimato.
A la primera que conocí fue a V., de For Bitching Only, a quien tuve el gusto de conocer personalmente y de paso preguntarle su nombre. V. es increíblemente irreverente y cruda; y además hace unas analogías realmente únicas. Primero leí su blog y luego su -homónimo- libro. Ciertos pasajes del libro son muy oscuros y densos, por el nivel de realismo que logra transmitir al contar ciertas experiencias. Me costó mucho leer esas partes y fue por ello que al terminar el libro, y a sabiendas de que no iba a querer pasar por aquellas páginas otra vez (no lo digo como algo malo, sino todo lo contrario. Espero que se entienda) decidí liberar el libro para que encuentre a su próximo pasajero.
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Hoy terminé el libro Gracias Por Volar Conmigo, de Fernando Peña. Sí, Fernando fue comisario de a bordo durante varios años y el hecho de que tanto él como Guido Suller hayan sido jefes de cabina durante años me da mucha esperanza de pasar un psicotécnico jajaja. O tal vez en realidad nosotros, los postulantes, pensamos que las empresas buscan gente formal y psíquicamente estándar cuando en realidad buscan gente así, capaz de engañar a miles de radioescuchas que estaban totalmente convencidos de que Milagritos López existía, gente que llore abrazada a la pierna del Larva en lo de Polino.
Volviendo al libro, me hizo reír mucho. Las historias te meten de lleno en la interna de la vida de un tripulante, te hacen dar ganas de estar ahí y pertenecer. Todo ello sumado al histrionismo y riquísimo vocabulario de Peña.
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Encontré en ambos libros un denominador común. No me refiero a los vicios y excesos de los protagonistas y autores, eso me parece una mera casualidad; se me ocurre que quizás V. sea bastante fana de Peña. Lo que para mí une ambos relatos es la forma en que no pueden evitar mezclar su vida personal con la laboral. A partir de aquí todo lo que voy a decir es una hipótesis dado que yo no pertenezco a ese mundo aún.
Ser tripulante se te enreda con tu vida personal porque es más que un trabajo (bueno, para algunos seguramente sí sea un trabajo, algo de paso). Pero para aquellos que aman la aviación, para aquellos que queremos esto desde un lugar mucho más visceral y pasional que para nada cuadra con mandar un cv y nada más; para los de «la religión del avión» como dice V., para toda esa gente ser tripulante es un estilo de vida. Y como tal se va a inmiscuir por todas esas hendiduras que normalmente separan la vida laboral de la personal. Se van a volver una sola cosa, y así lo queremos.
Debe ser por eso que solté risas con sonido mientras leía a Fernando, y debe ser por eso que me entristecí genuinamente cuando Latam Argentina decidió irse a la mierda del país dejando a V. no solamente sin empleo sino también recalculando su estilo de vida. Gracias a ellos pude espiar qué tal se vive la vida entre las nubes y los aeropuertos, mientras espero hasta que pueda escribir mi propia historia.
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